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Hace un par de años atrás, mientras estaba en el desarrollo un software financiero muy cabezón, teníamos un buen equipo de trabajo, compuesto en su mayoría por hombres y en su otra mayoría por pelusones. Había un par de parlantes al menos para oir música, sí, todos la misma música.

La música, por lo general, era agradable y todos la tolerábamos, excepto honrosas excepciones… “lloran las rosas…” o algo así era lo peor que se oía. Sí, no todos éramos hombres y otro tampoco lo era mucho al parecer…

El caso es que había una música especial, que solo se oía el día viernes. Era perfectamente reconocible y era también un buen estimulante para trabajar en aquel día. Por lo general era música de fiesta. Dígamos que podía ser tropical, de jaraneos varios, no sé, cosas de aquellas, ya saben.

El día jueves se convirtió en viernes chico, el viernes… sigue siendo viernes… y hoy nuevamente es viernes. Muchos trabajan media jornada, otros saldrán un ahora antes camino a casa ( no estrictamente necesario), y así todos harán algo interesante en este día tan especial, que es el fin de una semana laboral y el principio de la resaca del día lunes.

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